“[..]Deslizó su mentón entre sus hombros de seda y su clavícula, creando un breve espacio entre el oído y su voz …
le dijo todo lo que se puede decir sin una sola palabra y, en el frío de la noche, desenvolvió sus vestidura y probó su cuerpo …
sabía a dulce y a menta cual caramelo navideño
sabía a dulce y fresco, y portaba un listón rojo a manera de moño que desenvolvió desprendiendo cual presente, muy presente.
De pronto dos eran uno…
de pronto ella veía estrellas en pleno amanecer y se fundía en sus manos cuál alfarero moldeando su próxima obra de arte
amaba ser su musa y él lo disfrutaba
entre el ir y venir de miradas aquello fresco se incendiaba…
de pronto volvió el fresco y aunque aún dulce se sentía escalofríos de sus pies a su espalda…
de pronto despertó y descubrió las cortinas ondeando por el viento a través de la -bendita- ventana […]
24 diciembre 2024
Amanecer. – Carolina López
