Te tuviste que ir
para que yo dejara de arder
en la hoguera de tu silencio,
como ardí durante todo aquel verano,
y pudiera volver a abrazar el sol
sin confundir su calor con el incendio.
Te tuviste que ir
para que dejara de llover dentro de mí
y aprendiera a respirar desde el suelo
el olor de las hojas frescas del otoño,
sin temerle a todo lo que cae.
Te tuviste que ir
para esperar, por primera vez, el invierno,
sabiendo que con quienes se quedan
jamás se pasa frío;
para desear el hielo
sólo porque todavía puede hacerme sentir,
porque hay fríos que despiertan
y otros, como tu ausencia,
que sólo saben matar.
Te tuviste que ir
para guardar la esperanza
de que, tal vez, en primavera
vuelva a florecer todo aquello
que alguna vez mataste en mí.
Todo aquello que tomaste
desde aquella primavera,
como un zorro entrando a escondidas
a robarse lo que aún hacía ruido,
lo que aún estaba vivo.
Fuiste verano:
incendio.
Fuiste otoño:
pérdida.
Fuiste invierno:
ausencia.
Fuiste casi todas las estaciones
que aprendí a sobrevivir,
pero jamás serás
florecer en primavera.
.- Carolina López

